Un Corolla Guinda

Veintiún días sin ella. Quinientos cuatro horas sin su luz, sin el brillo metálico de su piel…

La veo en la distancia, plateada y fría…

…Desfallezco lentamente porque nunca pensé sentir ese vacío superficial que carcome mis horas al final de la jornada.

Jamás pensé qué pasaría si ella me faltase algún día. Si no tuviera conmigo su calor y su energía. Mas ese día inminentemente llegó; llegó sin más ni más ese fatídico día…

Llegó y se llevó mi universo entero.

Era mía, era toda mía.

Veintiún días sin ella y el tiempo sigue cruelmente, y allá afuera nadie se detiene, nadie lo comprende y nadie lo compadece, porque ellos no están en mis huesos.

Era mía, era toda mía.

No más… no quiero ver cómo se desprende pedazo a pedazo lo que ella fue una vez, lo que será siempre y lo que por siempre amaré.

De su tez plateada y fría; de su luz, de su energía, sólo queda el corazón y las arterias.

Veintiún días sin ella…

Camino a paso lento y agonizante por la acera, hacia ese su destino cruel, hacia esa larga y sinuosa vereda, hacia ese inconfundible corolla guinda.Captura de pantalla 2017-03-24 a las 15.11.19

 

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Esos Ojos

Cuando miras en sus ojos, puedes ver una profundidad inmensa, que sin embargo llena todos tus vacíos.

Si él no hubiera tenido en esa mirada infinita, un arsenal de sentimientos y emociones, sus personajes no hubieran sido tan espléndidos.

Un solo rayo de su luz era capaz de calcinar tu alma entera, acariciarla, hacerla trizas, hacerla amar, hacerla sentir como un caleidoscopio, como un torbellino.

Y no quiero decir adiós, pues el adiós lleva al olvido. Prefiero desearle dulces sueños y que encuentre la paz que no le dio este mundo envenenado.

Hasta siempre; Oh, capitán, mi capitán.

 

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Osadía

Me pregunto cómo se llama. Me pregunto tantas cosas. Me pregunto si tendré la osadía de hablarle. Por ahora me conformaré con saber que, por un indefinido tiempo, seguiré viéndola pasar frente a mi portón negro, todos los días a la misma hora, esa chica de camisas de cuadros.

Las Almas que escuchan al viento

Fría noche, sopla el viento,
la luna brilla majestuosa
Las estrellas la acompañan.

 Y adentro hay insomnio,
una vela encendida,
una lágrima cae rendida;
y el canto del viento hace callar al fuego.

 Se abren las cortinas para oírlo un poco más
oír al aire, como voces que atrapan,
que hechizan, que envenenan.

 Y cuando al fin del viento se ha enamorado,
se arroja a la oscuridad
y nunca se sintió mas libre,
se pierde en las tinieblas de la noche
y en ese canto que lo llamó, que lo secuestró.

 Entonces su alma se unió al sueño eterno
de las almas que escuchan al viento.